¿Cuándo una tendencia juvenil es simplemente cultura y cuándo comienza a convertirse en un desafío para la seguridad?
“Batallas de aura”, memes, desafíos virales, nuevas formas de hablar, estéticas que aparecen y desaparecen en pocos días, videojuegos, influencers e inteligencia artificial. Para muchos adultos, algunas de estas expresiones pueden parecer extrañas o incomprensibles. Sin embargo, detrás de estas tendencias existe una transformación mucho más profunda: están cambiando las formas en que las nuevas generaciones construyen identidad, pertenencia, reconocimiento y vínculos.
Para la seguridad ciudadana, la pregunta no debería ser simplemente por qué los jóvenes adoptan estas modas, sino cuándo una tendencia cultural comienza a generar condiciones de vulnerabilidad o nuevos riesgos para las personas y la convivencia.
La respuesta exige evitar dos extremos: criminalizar aquello que resulta diferente o desconocido, pero también ignorar transformaciones sociales que pueden anticipar nuevos escenarios de riesgo.
Una tendencia juvenil no es un problema de seguridad, pero puede contener señales que anticipen nuevos desafíos.
Una generación que vive en red
En Argentina, el estudio Kids Online Argentina 2025, realizado por UNICEF y UNESCO, muestra que el 95 % de niñas, niños y adolescentes de 9 a 17 años cuenta con un celular con acceso a Internet. La edad promedio de inicio se ubica alrededor de los 9,6 años. Más de la mitad utiliza herramientas de inteligencia artificial.
La vida digital ya no constituye un espacio separado de la vida cotidiana. Allí se construyen amistades, identidades y comunidades, pero también pueden trasladarse conflictos, situaciones de violencia y nuevas formas de victimización.
Los aportes de Castells (2006) sobre la sociedad red, de boyd (2014) sobre las prácticas sociales de los adolescentes en los públicos interconectados y de Jenkins et al. (2009) sobre cultura participativa permiten comprender que los jóvenes no son simplemente consumidores de contenidos: también producen, transforman y hacen circular significados.
La autocomunicación de masas descrita por Castells y la lógica de la difusibilidad analizada por Jenkins, Ford y Green (2013) muestran que esa circulación no es un contagio pasivo, sino una práctica deliberada de apropiación cultural. Por eso, una tendencia aparentemente superficial puede expresar algo más profundo. Una “batalla de aura”, por ejemplo, puede ser simplemente un juego, pero también refleja nuevas formas de reconocimiento, pertenencia y construcción de identidad en una cultura donde la visibilidad tiene un valor creciente.
De la moda a la señal débil
La prospectiva estratégica permite introducir una mirada diferente. Desde esta perspectiva, algunas prácticas juveniles pueden ser observadas como señales débiles: fenómenos pequeños o incipientes que no necesariamente se convertirán en amenazas, pero que pueden revelar transformaciones sociales en desarrollo.
La secuencia podría resumirse así:
Señal → Tendencia → Transformación → Riesgo emergente → Escenario → Prevención
Un desafío viral puede ser solamente entretenimiento. Pero si incorpora conductas peligrosas y comienza a reproducirse masivamente, el escenario cambia. Una comunidad virtual puede ser un espacio de pertenencia, pero también puede convertirse en un ámbito de captación. Una imagen manipulada mediante inteligencia artificial puede ser un juego, pero también utilizarse para humillar, extorsionar o generar una identidad falsa.
Por eso, el desafío no consiste en determinar si una tendencia es “buena” o “mala”, sino en comprender cómo evoluciona y con qué otros factores puede combinarse.
Seguridad ciudadana: comprender antes de intervenir
Aquí aparece una transformación necesaria en la función policial. La policía no debe convertirse en un organismo encargado de controlar las modas juveniles. Su función es proteger derechos, prevenir riesgos, preservar la convivencia y actuar frente a situaciones concretas de violencia, delito o vulneración. Pero para prevenir necesita comprender el contexto en el que esos riesgos aparecen.
La lógica tradicional puede resumirse:
Ocurre → se denuncia → se investiga → se interviene.
Una seguridad con capacidad anticipatoria incorpora una etapa previa:
Observar → comprender → analizar → identificar señales → explorar escenarios → prevenir → intervenir.
Esto requiere fortalecer capacidades de inteligencia digital, análisis de tendencias, prospectiva, prevención comunitaria y articulación con escuelas, familias, universidades, municipios y organismos especializados.
También requiere escuchar a los propios jóvenes. No es posible diseñar políticas de seguridad para una generación sin comprender cómo esa generación interpreta sus vínculos, sus espacios digitales y sus propios riesgos.
Hacia una seguridad anticipatoria
El futuro de la seguridad juvenil no dependerá solamente de cuántos delitos ocurran, sino también de la capacidad institucional para comprender las transformaciones que pueden producir nuevas formas de vulnerabilidad.
La prospectiva permite mirar más allá del hecho consumado y explorar diferentes escenarios: uno en el que las instituciones logran acompañar la transformación digital; otro donde la tecnología avanza más rápidamente que las capacidades de respuesta; y un escenario apuesta en el que Estado, comunidad, educación y fuerzas de seguridad desarrollan capacidades de anticipación y prevención.
En este último escenario, la policía no persigue tendencias: las comprende. No criminaliza diferencias culturales: identifica riesgos concretos. No espera únicamente que el problema ocurra: desarrolla capacidades para anticiparlo.
Las juventudes siempre han creado sus propios códigos. Lo novedoso hoy es la velocidad con la que esos códigos pueden convertirse en fenómenos masivos.
Una “batalla de aura” puede ser simplemente un juego. Un meme puede ser solamente un meme. Una estética puede ser simplemente una forma de identidad. Pero algunas señales pueden anunciar transformaciones que todavía no comprendemos.
Por eso, la pregunta para la seguridad ciudadana no debería ser únicamente:
¿Qué delito ocurrió ayer?
También debería ser:
¿Qué señales están apareciendo hoy y qué podrían significar para la sociedad de mañana?
Porque anticipar no significa vigilar el futuro de nuestros jóvenes. Significa prepararnos para protegerlo.
Bibliografía
- Castells, M. (Ed.). (2006). La sociedad red: una visión global (F. Muñoz de Bustillo, Trad.). Alianza Editorial. (Título original: The network society: A cross-cultural perspective).
- boyd, d. (2014). It’s complicated: The social lives of networked teens. Yale University Press.
- Jenkins, H., Clinton, K., Purushotma, R., Robison, A. J. y Weigel, M. (2009). Confronting the challenges of participatory culture: Media education for the 21st century. The MIT Press.
- Jenkins, H., Ford, S. y Green, J. (2013). Spreadable media: Creating value and meaning in a networked culture. New York University Press.
Artículo publicado en la Revista Somos Seguridad
Edición de septiembre de 2026 · Podés ver la edición original de la revista donde salió esta nota.